IA en abogacía: menos tareas y más estrategia

Recientemente, el compañero Ángel Seisdedos (CEO de Grupo Leggado y experto en marketing y gestión jurídica) ha publicado un interesante podcast cuyos razonamientos dan pie al presente artículo.

El debate sobre la inteligencia artificial (IA) en el sector legal suele oscilar entre el entusiasmo y el rechazo. Sin embargo, para Ángel Seisdedos, la realidad es más sencilla: no es una cuestión tecnológica, sino de mercado. Si una herramienta realiza una función de manera más rápida y económica que un profesional, el mercado tenderá a utilizar esa herramienta.

La visión de Ángel Seisdedos coincide con el análisis global de la OCDE. A través de su programa AI-WIPS (Inteligencia Artificial en el Trabajo), la organización confirma que la IA no solo está cambiando el empleo, sino que está redefiniendo por completo las competencias necesarias en las profesiones cualificadas.

1. La automatización de tareas frente a la profesión

Es fundamental distinguir entre la profesión de abogado y las tareas que este realiza. La IA no puede sustituir la figura legal del abogado —que requiere colegiación y asume responsabilidad—, pero sí ejecuta con solvencia la mayoría de las tareas técnicas.

Como señala la OCDE, la IA desplaza la demanda desde las tareas rutinarias hacia aquellas que requieren una mayor capacidad de resolución de problemas complejos y juicio experto. El valor ya no reside en el «proceso», sino en la «conclusión».

2. El cambio en los perfiles iniciales

Tradicionalmente, el aprendizaje de un abogado novel consistía en realizar labores de apoyo: resumir sentencias o buscar estrategias básicas. Actualmente, la IA realiza estas funciones con una precisión comparable a la de un profesional con poca experiencia.

Esto elimina la barrera de entrada técnica. Hoy, un profesional con acceso a herramientas especializadas puede generar escritos de calidad técnica aceptable de forma inmediata. Esto obliga a replantear el valor que aportan los perfiles junior, ya que la «inteligencia promedio» es ahora un recurso accesible y de bajo coste.

3. La experiencia del periodismo como referencia

Seisdedos plantea una comparación con la crisis del periodismo en 2008. Con la digitalización, la creación de contenido dejó de ser exclusiva de los grandes medios. Al aumentar la oferta, el valor del «texto» disminuyó. En la abogacía ocurre algo similar: generar un texto jurídico ya no es un proceso costoso. Por tanto, el valor del abogado ya no reside en el documento, sino en el criterio para validarlo.

Conclusión: El caso de uso de la eficiencia real

La IA no sustituye al abogado, pero sí elimina la carga de las tareas administrativas de bajo valor. El ejemplo más claro de esta transformación es la automatización de los flujos de entrada de información en el Despacho a través de Avodesk.

En lugar de que el abogado dedique su tiempo a tareas mecánicas, el agente de IA gestiona de forma autónoma la entrada de notificaciones: lee el archivo adjunto de un email, analiza la resolución judicial, detecta el expediente al que debe asociarse, lo archiva en su lugar correspondiente y extrae automáticamente los plazos procesales informando al Letrado.

Al delegar esta arquitectura logística en la tecnología, el abogado puede dedicar su energía a lo que la OCDE identifica como el núcleo de la profesión post-IA: estudiar la respuesta jurídica estratégica a esa resolución. La IA se encarga de que la información esté donde debe estar; el abogado de ganar el caso. El éxito profesional ya no depende de la capacidad de archivar o resumir, sino de la capacidad estratégica y de la confianza que el abogado sea capaz de generar en su cliente.

Fuentes de referencia: